Sobre la ira
Lucio Anneo Séneca
Un gran corazón seguro de lo que vale, no se irrita ni se venga, pues no siente injuria.
Un corazón grande nunca es sensible a la injuria, es más fuerte que ella. La injuria no está en el modo de hacerla, sino en el modo de recibirla.
Si recibo la injuria, es fuerza que se hiciese; pero no es fuerza que por haberse hecho, la haya yo recibido. El fruto de la injuria consiste en que se sienta y en la indignación del ofendido. La venganza es la confesión de que el golpe fue certero, y no es alma fuerte la que se resiente de un ultraje.
Expresa Demócrito: Para vivir tranquilo, evitemos la multiplicidad de negocios particulares y públicos, proporcionándolos a nuestras fuerzas. No tengamos trato con más gentes que las pacíficas, amables, poco susceptibles, pues las costumbres se pegan con el trato, como algunas enfermedades con el roce. No conviene tener relaciones con díscolos; se comunican los vicios del alma como los males del cuerpo.
Evitemos los tribunales, los pleitos, los alegatos y todo lo que ulcere nuestro mal. No es bueno verlo todo ni oírlo todo. Ciertas injurias deben pasar inadvertidas por delante de nosotros; ignorarlas es igual que no haberlas recibido.
Reflexionad que los hombres más perfectos se hallan sujetos a error. No hay hombre tan precavido que no ofenda alguna vez aun temiendo lastimar.
Una sola cosa puede tenernos en paz, y es la mutua tolerancia. Ese hombre me ha ofendido y no me he desquitado; pero quién sabe si ya otro le ha ofendido a él y si no le ofenderá.
Avergoncémonos de odiar al hombre que estimamos, pero más todavía de odiar al que debe inspirarnos compasión.
Disipada la ira, la pena estará en proporción con la falta.
Esa ira que os turba, lo repito, proviene de la importancia que dais a lo que no lo tiene.
Renunciemos a calmar con discursos y razonamientos los primeros arrebatos, siempre sordos y ciegos. Las afecciones nacientes se tratan con el reposo.
Enfrenar la ira, acometerla de frente, es exasperarla más. Conviene servirse de rodeos, obrar con parsimonia.
A medida que respiramos, se exhala nuestro último aliento. Mientras estemos entre los hombres, respetemos la humanidad; no seamos para nadie objeto de temor ni de peligro, daños, perjuicios, emboscadas, apóstrofes injuriosas, todo eso es despreciable; seamos bastante grandes para sufrir esas pequeñas molestias. En un abrir y cerrar de ojos, como suele decirse, nos sorprenderá la muerte.
Gerardo Morales.
Séneca, Lucio Anneo: “Tratados filosóficos y cartas”, Ed. Porrúa, México, 1992.