Una breve introducción para algunos y un breve repaso para otros sobre literatura de la buena, hablamos de la madre de todas las literaturas, la literatura de la madre Rusia. Empezando por los orígenes (meramente religiosos) en Kiev a finales del siglo X. Pasando por Pedro el Grande, hasta llegar al verdadero comienzo de la literatura rusa como la conocemos, gracias al mítico “Poeta martyr” Aleksandr Pushkin, seguido de su sucesor, “El héroe de su tiempo” Mijaíl Lermontov, poetas injustamente olvidados por los lectores modernos, pero también recordaremos al “Loco más cuerdo” Nikolái Gógol.
Tampoco quedan fueran Turgenev, Goncharov, Ostrovski u otros menos conocidos pero de gran calibre, como Ajmátova, Bunin, Bely o Kuprin. No puede quedar fuera la “trinidad rusa por excelencia”, “El gigante ruso” L. Tolstói, “El padre del existencialismo ruso” F. Dostoievski, hasta llegar al “Siervo de la buena literatura” A. Chéjov. Para concluir, “la conciencia de la madre Rusia” V. Korolenko y algunos escritores soviéticos o de la revolución, como I. Babel o M. Gorki.
Aunque todo parece demasiado caótico, lo cierto es que tenemos una puerta para dos generaciones distintas, para aquellos que amamos apasionadamente la prosa rusa y queremos recordar la razón por la que tanto nos apasiona, y así poder recordar aquellas obras maestras como Eugenio Oneguin (Pushkin), Padres e hijos (Turgueniev), Almas Muertas (Gógol), Así se templó el acero (Ostrovski), La muerte de Iván Ilich (Tolstói), El músico ciego (Korolenko) y Los hermanos Karamazov (Dostoievski) por mencionar algunos. Por otro lado, es una puerta para que las nuevas generaciones se interesen por el legado que nos dejaron los más grandes intelectuales rusos de los siglos XIX & XX.
Irving Romero