Fragmentos: Gerardo Morales.
Estaba herido, muy mal herido. El campanilleo del timbre se iba disipando gradualmente. Estaba soñando. No estaba soñando. Estaba despierto aunque no podía ver. Estaba despierto aunque no podía oír nada salvo un teléfono que en realidad no sonaba. Estaba muy asustado.
Ahora sentía ese mismo sentimiento de ahogo la misma vergonzosa congoja en sus entrañas. En el paroxismo del terror juntó sus fuerzas e hizo el ademán de un hombre enterrado en la arena que araña el aire con sus manos.
Oh ¿por qué diablos te metiste en este lío Joe? No era tu pelea Joe. No tenías la menor idea del porqué de esta lucha.
Cuando aparecía una nueva enfermera él adivinaba lo primero que haría. Quitaría las mantas y durante uno o dos minutos no haría movimiento alguno y él sabía que le estaba mirando y
que seguramente empezaba a sentir náuseas. Una de ellas se volvió y huyó corriendo de la habitación. No regresó. Así fue como se quedó sin orinal y mojó la cama pero la perdonó. Otra lloró. Sintió sus lagrimas sobre el pecho a través de la camisa de dormir. Él se emocionó porque de pronto sintió que ella estaba muy cerca y cuando se fue se quedó horas adolorido. La imaginó joven y bella.
Trumbo, Dalton: «Johnny cogió su fusil (Johnny got his gun)», traducción Marta Susana Eguía, 1ª edición, Editorial Bruguera S. A., España, 1981, 218 p.