José Alejandro Solalinde Guerra[1].
Lo primero que debe decirse sobre esta obra es que, contrario a lo que se podría inferir de su título, no es un libro religioso sino, como lo ha afirmado su propio autor, es un texto que aborda la espiritualidad. Incluso, el texto se encuentra dedicado, precisamente, "
a las espiritualidades indígena, judía, musulmana, budista y de otros caminos".
El primer capítulo se intitula "
¿Cómo explicar el reino de Dios?". Y en él se esboza la idea de que hay algo que nos iguala a todos en el mundo: viajamos en el mismo transporte; en el tren del tiempo.
En dicho capítulo se plantea igualmente que el Reino de Dios es universal y se erige como una utopía anhelada por todas las religiones y personas de buena voluntad, aunque no practiquen ninguna religión; que es el sueño de un mundo mejor para todos; y que rebasa el límite de las instituciones y de las cosas.
Refiere que Jesucristo, como humano también se equivocó; por ejemplo, "
no siempre escogió a los mejores colaboradores, cambió de estrategias en acción ante el fracaso de otras. No tenía claro y preciso cómo actuar en cada caso".
Puntualiza que, la infidelidad más evidente al espíritu incluyente de Jesús es la exclusión de las mujeres en la iglesia romana; y que las autoridades eclesiásticas tienen una gran deuda con su fundador, porque Él sí las incluyó, en tanto los hombres del poder en la iglesia las han excluido desde hace dos mil años.
El segundo capítulo se titula "
Replanteamiento de conceptos cristianos desde la perspectiva del Reino". En éste se habla de que los seres humanos buscamos el Reino de Dios sin darnos cuenta, porque fuimos hechos por Él y para Él; señalando igualmente que, esa búsqueda debe ser prioritaria para la humanidad, cuya verificación se comprobará en la relación de ésta con el Padre, con los semejantes, con el mundo y con el entorno ecológico.
También se explica en forma clara qué son la fe, la esperanza, la espiritualidad, el carisma, la gracia divina, el templo, la santidad, la conversión, las exigencias y el discipulado basiliales
[2].
El tercer capítulo,
lleva por título: "
El antirreino". El padre Solalinde Guerra, refiere en éste, que los antivalores opuestos al reino, son: desconfiar de Dios, juzgar, prejuzgar a los demás, acusarlos, negarse definitivamente al diálogo, excluir a las personas por su género o condición, no aceptarlas, servirse egoístamente de ellas, intrigar, envidiar, crear conflicto, negarse a convivir, a formar comunidad, apegarse al dinero, regular las relaciones por él, vivir para acumularlo, tener algo nuevo que no usamos y otros necesitan para vivir, desperdiciar comida, agua, recursos, cosas; creerse superiores a los demás, despreciar a los pobres, a los sencillos, a los pequeños, maltratar a las mujeres; el individualismo, el poder de dominio, la presión y la represión sobre los semejantes, el uso faccioso y abusivo de la ley, y las prácticas antidemocráticas.
De igual manera se indica en el referido capítulo que el mismo Jesús reconoce que sí hay maldad humana pero que ante ello, a la par hay bondad en el corazón humano; y que, con tal reserva de misericordia, se puede construir una nueva sociedad.
Finalmente,
el cuarto capítulo,
se llama: "
Relaciones basiliales vitales". En él, se reflexiona en torno a que ninguna persona puede adueñarse de la naturaleza; que ésta ya existía cuando nacimos y que cuando morimos se queda; que todo título de propiedad, por muy legal que sea, es una ilusión; que la muerte se encarga de cambiar nuestra condición de dueños a indigentes y nos marchamos, como llegamos: sin nada. Señala también que, derrochar la naturaleza para convertirla en dinero es una insensatez irresponsable que debemos parar; y que Dios nunca ha pedido nada para sí, porque es dueño de todo y no necesita ningún tribunal que lo declare propietario único.
Entre otras muchas ideas plasmadas en ese último capítulo, hay una que es contundente: "
Podemos medir el nivel de civilización de un país, no por sus declaraciones en favor de los derechos humanos, sino por su práctica real de ellos".
En un mundo como el actual: plagado de atentados, disturbios, crisis económicas y de valores, plagas, epidemias, vicios, catástrofes naturales y violencia, este libro del sacerdote mexiquense se erige como una ventana a la esperanza.
Ángel Rosas Solano
[1] Sacerdote católico, luchador social, defensor de los derechos humanos de los migrantes y las mujeres, y destacada figura moral en México.
[2] La palabra basilial, explica el autor, se plasma en los Evangelios al pasar del arameo al griego por medio del vocablo basileia; que simplificado al castellano se utiliza como basilea, relativo al reino. Para simplificar esta raíz etimológica en el libro se usa el adjetivo castellanizado basilial (precisamente, relativo al reino), en lugar de basileial, más cercano a la voz de origen.