El libro acabado de nombrar, me fue prestado [y por supuesto que lo devolveré] por el maestro, abogado y editor: Salvador Arreguín Medina; de quien tengo el honor de ser amigo desde casi un cuarto de siglo.
La obra que a continuación reseño es del celebérrimo Michel de Montaigne
[1]; fue publicado en el año 2018 por Editorial Minerva; traducido por Camilo Rodríguez y Álvaro Ruiz Rodilla; prologado por Jorge F. Hernández; con edición de Santiago Hernández Zarauz; con selección y notas de Camilo Rodríguez; y, el diseño y las ilustraciones corrieron a cargo del joven y talentoso Alberto García Grillasca.
En él se narra el viaje que realizó el autor [a caballo], del 22 de junio de 1580 al 30 de noviembre de 1581 [o durante diecisiete meses y ocho días, como lo puntualiza en las últimas líneas de su diario], recorriendo diversas ciudades, precisamente, de Suiza, Alemania e Italia. Travesía que llevó a cabo para salir de su castillo y llegar a la ciudad de Roma, con la idea de recibir "
el dictamen" de su libro intitulado "
Ensayos".
Narra su recorrido por diversos tipos de viñedos; los múltiples sabores de la carne, del trigo y, sobre todo del vino; describe tanto los templos como sus reliquias; las viandas y su sazón; relata procesiones de la época [como la de los sombreros de paja]; los rostros de las personas que habitan las ciudades por las que transita; comparte extrañas leyendas; y, describe a detalle, "
los baños" y jardines de los lugares en que se hospedó con su comitiva.
Una de las leyendas que escuchó durante su viaje el autor, es la que le fue contada el domingo 23 de octubre de 1580, cuando llegó a Seefeld
[2] y visitó una iglesia muy bella y famosa en la cual le contaron que un "
fulano" que había sido nombrado terrateniente, no contento con eso, el día de Pascua, en la comunión, pidió que le dieran la hostia más grande
[3] de entre las hostias comunes y, teniéndola en la boca, la tierra se abrió debajo de él y se lo tragó hasta el cuello [refiriendo de Montaigne que los lugareños aún mostraban a los visitantes de la ciudad, el hueco ocupado por el hombre y el altar que recibió el impacto de sus dedos].
Al hablar de la gastronomía romana, Michel de Montaigne, dice: "
En Roma comíamos rosas y alcachofas pero yo no percibía ningún calor extraordinario, pues estaba vestido y tapado como en mi propia casa. Allí hay menos pescado que en Francia; especialmente sus brochetas no valen nada y se dejan para consumo del pueblo. Rara vez se encuentran lenguados o truchas, en cambio los barbados son muy buenos y mucho mejores que en Burdeos, pero son caros. Las doradas son bastante apreciadas y los mújoles son más grandes que los nuestros pero duros. El aceite es tan excelente que aquí no siento para nada ese picor de garganta que me da cuando he comido mucho en Francia. Se comen uvas frescas durante todo el año e incluso ahora se encuentran muy buenas colgadas de las parras […]".
Una parte que llamó poderosamente mi atención, fue la que lleva por título "
censura eclesiástica de los ensayos", en la que detalla las opiniones vertidas por los censores en relación con el libro que iba a publicar
[4].
De igual modo, un tema recurrente durante las peripecias contadas en el texto, es el padecimiento de cálculos renales que aquejó a de Montaigne hasta el final de sus días [en varios momentos da cuenta de cómo expulsaba arenas y piedras, acompañadas de molestias y dolor].
Hay un capítulo chusco de la obra [acaecido en la ciudad de Fano
[5]], que decido compartir, a la letra: "
Esta ciudad es famosa por encima de todas las de Italia por sus hermosas mujeres: nosotros no vimos ninguna, solamente muy feas; y a mí que me informé con un decente hombre de la ciudad, me dijo que el siglo [de las mujeres hermosas] ya había pasado".
También se relata la llamada "
procesión de los sombreros de paja" que de Montaigne pudo admirar en Castelo
[6]; en la cual mujeres muy guapas, bien vestidas, montadas en mulas y con escarpines
[7] blancos, lucían precisamente sus sombreros de paja.
De la localidad de Lucca
[8], el autor afirma lo siguiente: "
No se puede disfrutar de la compañía de los habitantes de Lucca porque, incluso los niños, están continuamente ocupados en sus negocios y en la fábrica de materiales para hacer comercio. Así pues, es una estancia un poco aburrida y desagradable para los forasteros […]".
Este libro es una buena compañía para vivir la época de la cuarentena [derivada del COVID 19] que se erige como un hito en la historia moderna. Su lectura es ágil, entretenida y divertida, por lo cual lo recomiendo ampliamente.
Ángel Rosas Solano.
[1] Michel Eyquem de Montaigne, fue un filósofo, escritor, humanista y moralista francés, creador del género literario conocido como ensayo.
[2] Municipio del distrito de Innsbruck-Land, en el estado austriaco del Tirol.
[3] Hostia reservada al sacerdote oficiente de la misa.
[4] Aunque cuatro siglos después, la censura pervive, matizada.
[8] Ciudad en la Toscana, centro-norte de Italia, situada a orillas del río Serchio.