Es muy arriesgado para un escritor retomar un tema que ya otros narradores han explorado y dar su propia versión. Este riesgo es el que ha corrido Hernán Rivera Letelier (Chile, 1950) con su novela
El arte de la resurrección. En efecto, el tema es nada más y nada menos que la narración de un hombre de los llanos de Chile que de pronto y tras la muerte de su idolatrada madre, decide que él es un nuevo Mesías, la nueva versión de Jesucristo y que su misión es predicar la próxima parusía.
¡Vaya tema! Otros autores ya lo han tomado: Vicente Leñero, con
El evangelio de Lucas Gavilán; Saramago, con
El evangelio según Jesucristo y, para mencionar sólo otro ejemplo y Mario Vargas Llosa, con
La guerra del fin del mundo. Salvo la obra de Saramago, que se presenta como una reescritura de la vida de Cristo, las otras dos obras nos presentan, una, a un Cristo mexicano y la otra, a un Mesías que surgen en esta Hispanoamérica nuestra, tan indigestada de violencia, corrupción, pobreza, fanatismos y futbol…
Este es un caldo propicio para el surgimiento de estos grotescos pseudoredentores, iluminados inverosímiles, que pregonan un mensaje, ciertamente digno, pero en contextos que exigen algo más que recetas de “moralina” y mensajes cátaros, a quienes espantan los “pecados de la carne” y se tragan las ingentes injusticias, abusos y explotaciones que sufren “los de abajo”.
Al fin, el “Cristo de Elqui” termina por quedarse solo, pues ni siquiera su “Magadela” está dispuesta a seguirlo en esta desastrosa aventura y vuelve a ser quien fue, es decir, simplemente Domingo Zárate Vega y a ganarse el pan diario con algo más prosaico que sus encandilados discursos escatológicos.
En fin, una obra que recibió el Premio de Novela Alfaguara 2010 (entre 539 concursantes) y que, ciertamente, se lee con agilidad aunque abuse de los regionalismos, sin incluir un comedido glosario, pues no todo Hispanoamérica es Chile.
(Rivera Letelier, Hernán:
El arte de la resurrección. Edit. Alfaguara, 254 pp).
Gino