Seguimos la historia de la joven Masha y el no tan joven Serguei Mijaílovich, quienes tras cierta “presión social”, deciden contraer nupcias, pero – como habría de esperarse – no todo será miel sobre hojuelas en este precoz matrimonio.
Tenemos una novela corta dividida en dos partes, la primera la forma en que se conocen y su precipitada decisión de comprometerse. En la segunda, tenemos el deterioro del mismo. Tolstoi hace un profundo desarrollo psicológico de los personajes, de sus emociones y sentimientos. Es aquí donde entramos en materia, como el título lo dice, la “Felicidad conyugal” que será corta tanto como la novela.
Cargado de profundas reflexiones filosóficas, nos invita a reflexionar sobre temas tan comunes como el matrimonio, los celos, la soledad, el pasado, el futuro y la felicidad. Es ahí donde nos adentramos a la mente de los protagonistas y vemos cómo pasan del enamoramiento a ¿a la esclavitud?, nos obligamos a contraer compromiso…¿porque no sabemos estar solos?, ¿porque la sociedad nos presiona?, ¿porque nos dejamos llevar por nuestras emociones, sin razonarlo, incluso sin conocer al otro?, ¿cuáles son los límites del matrimonio?, ¿estamos realmente obligados a ello? ¿nuestra felicidad depende de alguien más? ¿cuál es el sentido de la vida?, ¿cómo conseguimos la felicidad?, ¿el matrimonio lo es todo?.
Pese a ser una novela corta que se lee en una sentada, tenemos todos los elementos de un Tolstói (aunque joven) que sería el futuro gigante de la literatura rusa, con una prosa que te lleva por sí sola, sin mayor exigencia. Para aquellos a quienes intimida el autor, considero ideal comenzar con este pequeño tesoro, pues pese a su brevedad, tiene el característico enfoque a la crítica de la sociedad rusa de la época, los tintes filosóficos y las reflexiones morales.
Cierro con su siguiente aforismo: “Convertir la vida en una novela es una de las mejores cosas. La novelas nunca se detienen a la mitad, se viven hasta el final”.
Irving Romero