Relato en primera persona de carácter intimista, inicia de manera ágil y poco a poco se va volviendo intrincada, como la vida misma.
Adriano, emperador Romano del siglo II de nuestra era, recibió el poder de su tío Trajano y lo trasfirió a su vez a Marco Aurelio. Cuenta a este último su experiencia de vida en una época en que el politeísmo brindaba una libertad de creencias que se perdería con la llegada del monoteísmo.
El médico del emperador le ha diagnosticado hidropesía del corazón y sus días están contados.
Expresa:
“Nada me explica: mis vicios y mis virtudes no bastan.”
Su abuelo Marulino hablaba el latín con un ronco acento español que le transmitió y que más tarde fue motivo de risa. Andaba siempre a cabeza descubierta, cosa que luego habrían de criticar en él.
“La ficción tiene su lado bueno, prueba que las decisiones del espíritu y la voluntad priman sobre las circunstancias.”
“El verdadero lugar de nacimiento es aquel donde por primera vez nos miramos con una mirada inteligente.”
“Yo he administrado el imperio en latín: mi epitafio será inscrito en latín sobre los muros de mi mausoleo a orillas del Tíber; pero he pensado y he vivido en griego.”
“No desprecio a los hombres. Si así fuera no tendría ningún derecho, ninguna razón para tratar de gobernarlos.”
“Puesto que el odio, la tontería y el delirio producen efectos duraderos, no veía por qué la lucidez, la justicia y la benevolencia no alcanzarían los suyos.”
A orillas del Adriático, en la pequeña ciudad de Adria de donde cuatro siglos atrás mis antepasados habían emigrado a España, recibí los honores de las más altas funciones municipales: junto al mar tempestuoso cuyo nombre llevo.
“Te conocí desde la cuna, pequeño Annio Vero, que por obra mía te llamas hoy Marco Aurelio.”
“No hace falta que me comprendas. Hay más de una sabiduría, y todas son necesarias al mundo.”
Una inscripción emplazada en el lugar donde se había levantado Jerusalén prohibió bajo pena de muerte a los judíos que volvieran a instalarse en aquel montón de escombros.
“Judea fue borrada del mapa y recibió, conforme a mis órdenes, el nombre de Palestina.”
Gerardo Morales.