Reseña: Gerardo Morales.
Los infortunios asolan a la ciudad de Cadmo donde reina Edipo. Los habitantes suplican a su gobernante que busque una solución que ponga fin a esa peste que ha caído sobre la ciudad, como en aquella ocasión en que venció a la monstruosa Esfinge, resolviendo su adivinanza.
Edipo consulta con el oráculo de Delfos y la respuesta es que debe hallar al asesino de Layo -el anterior Rey- al que mataron en una encrucijada hace varios años, para que la ciudad recobre la tranquilidad y prosperidad perdida.
Recurre ahora a un oráculo civil, representado por Tiresias, quien se niega a responder hasta que, cansado de la cólera y las injurias de Edipo, expresa que el asesino fue su propio hijo, quien a su vez se casó con su esposa, es decir, su madre.
Tales manifestaciones indignan al Rey, que maldice al asesino y jura destierro o muerte para el responsable.
Furioso, inicia diversas pesquisas e interrogatorios que van hilando y tejiendo una trama trágica, en donde él mismo va siendo movido hacia su vórtice.
Nos encontramos en un tiempo en que Yocasta -esposa del Rey- descree de los oráculos; en que a Edipo, el oráculo de Delfos no le considera digno de contestación; y en donde el hombre ha creído vencer la predicción del oráculo mediante astucias humanas.
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Sófocles: “Edipo Rey”, Editorial Época S. A. de C. V., México, 2000, págs. 85