Este antiquísimo texto llegó [afortunadamente] a mis manos, a través de la recomendación de mi muy querido amigo Salvador Arreguín Medina. La autora del mismo, es nada menos que la famosa escritora inglesa Mary W. Shelley
[1].
Una de las primeras cosas que captó mi atención, fue su pertenencia al género de las "
crónicas de viaje"; pues, mi pasión por viajar sólo es comparable con la que siento por leer y por escribir.
Al respecto, hay una idea de la autora que expresa mejor lo que yo pienso acerca de los viajes: "
leemos para acumular pensamientos y conocimientos; viajar es leer un libro escrito por la mano del Creador, imparte una sabiduría más sublime que las palabras impresas del hombre".
Alejandro González Ormerod
[2], señala con acierto que, la prosa de Mary Shelley posee la hazaña de poder equilibrar, a la vez, la claridad con lo barroco, lo conciso con lo prolijo; y es que, en efecto, "
Andanzas por Alemania e Italia (1842-1843)", nos transporta con la magia de las palabras a la Europa de aquellos años, como si fuésemos nosotros, los lectores, quienes hubiéramos realizado ese periplo.
Como el título lo permite concluir, el libro habla de las peripecias que vivió la autora al viajar por distintas ciudades de Alemania e Italia, en los años antes indicados; lo cual hizo como chaperona de su hijo y sus amigos universitarios.
A guisa de ejemplo, al escribir la primera de sus cartas [la mayoría de ellas dirigidas a su media hermana Claire Clairmont], Shelley describe lo que vio en Fráncfort
[3] y, entre otras cosas, señala: "
Yo tengo un amor apasionado por el viaje, el cual es tanto una labor como un pasatiempo y, en lo personal, creo con firmeza en los beneficios a la salud que resultan de un cambio frecuente de lugar. Además, ¿qué puede ser más deleitante que la novedad perpetua?". También da cuenta de cómo les fueron robadas a sus compañeros de viaje sus carteras [en el hotel en que se hospedaron], las cuales, por descuido, dejaron "
sobre una gran mesa al centro de sus aposentos".
En otra misiva que envía desde Kissingen, describe los magníficos bosques de robles que cubren sus cerros y las faldas de éstos; lo cual hace con tanto entusiasmo que uno puede imaginárselos fuertes, frondosos y verdes, al lado del río que de modo esplendoroso detalla; ello sin hacer el mínimo esfuerzo mental [dada la generosidad de su prosa]. En dicha carta también se queja duramente tanto de la comida como del mesero que les atendió en el mesón en que pernoctaron en esa localidad alemana. De igual manera, narra sobre los problemas que afrontaron al intentar conseguir un maestro de alemán, pues dice que, en un primer intento, toparon con un metafísico desaseado que derrotó sus deseos de aprender por la "
persistencia de sus hediondos hedores".
Las cartas que envía desde Leipzig, Dresde, Salzburgo, Innsbruck, Venecia, Florencia, la Toscana, Amari, Roma, Los Estados Pontificios y Sorrento
[4], describen vivencias [como cuando salvó a un chapulín que se refugió acurrucado en su vestido de franela], hablan de la belleza de los paisajes que pudo apreciar en tales lugares; de la humildad, simpleza y valentía de sus habitantes; de la impresión que en ella causaron los palacios y fachadas que contemplaron sus ojos; de los pisos de los edificios que visitó; de los distintos climas; de las obras de arte [pinturas esculturas y trabajos arquitectónicos]; y de las costumbres que en Europa privaban en aquélla época [como cuando señala que en esos años no era bien visto que una dama entrara en un "
caffe"].
En la carta que envía desde los Estados Pontificios, arremete en contra de éstos, a quienes acusa, por lo menos, de lucrar con la pobreza y la ignorancia de sus súbditos; y también les señala de alimentar la superstición de la gente, a grado tal que, en 1837, durante el brote de cólera, les hicieran creer que la epidemia pasaría por alto a la Santa Sede.
El jovial libro que ampliamente recomiendo, se encuentra enriquecido con las ilustraciones que realiza un talentosísimo joven a quien tuve el gusto de conocer hace algunos meses, Alberto García Grillasca; y cuenta con la cuidadosa edición de Santiago Hernández Zarauz quienes, por cierto, emprendieron la aventura de fundar Minerva Editorial, de la que Alberto en alguna entrevista afirmara que es una propuesta nueva para consolidar la experiencia de la lectura.
Creo firmemente en la idea Vargasllosiana de que la lectura, la literatura y la educación, nos hacen mejores seres humanos; por eso doy la bienvenida a los esfuerzos que implican la puesta en marcha de la Editorial y de la salida a la luz del texto que reseño y recomiendo.
Ángel Rosas Solano.
[1] Narradora, dramaturga, ensayista y biógrafa británica, conocida mundialmente por ser la autora de la "
Frankenstein o el moderno Prometeo", considerada por muchos como la primera obra de ciencia ficción de la historia.
[2] Escritor e historiador que fue el encargado de traducir y seleccionar las cartas originalmente contenidas en tres tomos, de manera que pudiera conformarse el libro suficientemente portable que llegó a mis manos y me acompañó
acompañarme para ser leído en mis pasadas vacaciones invernales.
[3] En alemán: Frankfurt.
[4] Sobre las que no se abunda porque la presente reseña, precisamente, intenta motivar a la lectura de las mismas.