Chernóbil, 26 de abril de 1986...”Cierra las ventanillas y acuéstate. Hay un incendio en la central. Vendré pronto”, lo último que un joven bombero dijo a su esposa y nunca regresó, al menos no como lo conocía. La escritora Bielorrusa Alexiévich se encarga de hacer un maravilloso trabajo de periodismo literario sobre el mayor desastre nuclear del siglo XX. ¿Cuántos y tantos no hemos escuchado sobre Chernóbil? Series, películas, blogs y demás medios que nos refieren al tema pero, acercarnos de forma más humana, más precisa, más directa al nuevo mundo Bielorruso, solo lo podemos hacer gracias a esta hermosa – y a su vez – cruel crónica.
Maestros, científicos, bomberos, fotógrafos, enfermeros, liquidadores, políticos, científicos, incluso niños, son algunas de las muchas voces que componen esta obra maestra. Dividido en tres partes y a base de puro monologo, conoceremos desde las entrañas de Prípiat y sus alrededores, aquel nuevo mundo lleno de caos, discriminación, mentiras, crueldad, soledad, enfermedad, amor, amistad, esperanza, contaminación, ira, vida y muerte. ¿Gorbachov?, ¿La CIA?, ¿Extraterrestres?, ¿La KGB? ¿De quién fue la culpa? Preguntas que los testimonios tratarán de responder, claro, desde su perspectiva, con base a su verdad, pues no tuvieron oportunidad de catarsis.
Considero que más allá de ser un impecable trabajo de periodismo literario sobre las devastadoras consecuencias de la energía nuclear mal gestionada, trata de un profundo, duro y cruel ensayo sobre la condición humana. El lector no debe esperar miel sobre hojuelas, pues esto no es una novela, es una dura y cruel realidad, en la que no solo visitaremos aquel nuevo mundo, sino que iremos a las entrañas de la despreciable condición humana. Sin duda se trata de un merecido premio nobel de literatura (2015) que, gracias a la traducción de Ricardo San Vicente, podemos degustar de forma clara, directa y sin tapujos.
Concluyo con una breve reflexión leída en algún lugar (que ahora mismo no logro recordar): “El hombre que no conoce su historia, está condenado a repetirla”
Irving Romero