Uno de los tratados estoicos más importantes que nos pudo legar la antigua Roma.
Mi primer acercamiento a la llamada filosofía estoica, fue con las meditaciones de Marco Aurelio. Curiosamente, me sirvió justo en un importante momento de crisis existencial. Dos años después, me toca repasar la escuela estoica pero ahora de la mano de Séneca. La obra se divide en 4 temas diferentes. Sobre la felicidad, aquello que durante años, siglos y generaciones, cada uno busca a su propia manera, pues nunca debemos olvidar, la búsqueda de la felicidad es individual.
Séneca, nos invita a moderar los placeres, pues el exceso de estos, nos ahoga y por el contrario, la ausencia de ellos, nos tortura, impidiéndonos así alcanzar la felicidad. El segundo tema, es de la vida retirada o del ocio, en que debemos ponderar entre dedicarnos al placer, a la contemplación o a la acción. El tercero, dedicado a la serenidad del alma, nos recuerda que nacimos para morir, que debemos elegir sabiamente a nuestros amigos con quienes nutrir el intelecto, y que no debemos poseer excesos materiales más allá de los que cumplen su función.
Finalmente, sobre la brevedad de la vida, nos recuerda que cuando el tiempo se disipa entre lujos y negligencias y se gasta en cosas inútiles, sentimos que se nos ha ido la vida, sin reparar siquiera que se nos va, pues no es corto el tiempo que tenemos, solo que no sabemos aprovecharlo.
Muchos pueden estar o no de acuerdo con el estoicismo en general, incluso juzgar al libro por su portada, pero yo creo que Séneca, como Marco Aurelio, nos permiten ver su propia filosofía de vida, sin obligarnos, porque es cierto, la vida es un camino individual, saber cómo vivirla, saber con quienes compartirla, es lo que nos puede hacer felices o infelices, es lo que nos puede hacer percibirla como larga o corta, más allá de los inevitables años biológicos.
Irving Romero