Esta historia corre en dos sendas, de manera paralela. La primera trata de un amor prohibido entre la Condesa Mariana, y Juan Robreño, hijo del administrador de la hacienda; procrean a un niño, pero el destino los separa a todos entre sí. La segunda, narra las aventuras de Evaristo, un bandolero y salteador de caminos que escogió la región de Río Frío (en el extremo Este del Estado de México) para realizar sus fechorías, bajo el amparo de la ubicación geográfica que permitía muchas formas de ocultarse y escapar de las persecuciones.
Las historias se cruzan y vuelven a encontrarse una con otra. Si el lector cree que este relato sólo trata de robos en Río Frío, pues tiene razón, al principio, pero no después.
Manuel Payno, el escritor, tiene una visión premonitoria sobre los grupos criminales de la actualidad. Pues el salteador de caminos solitarios será cooptado por una mente maestra, que permanecerá oculta y en bajo perfil; moviendo los hilos de un sistema diversificado de asaltos en despoblado, robos a gente pudiente de la ciudad, falsificación de moneda, espías recabadores de información personal; sectorizando el territorio con un jefe por zona, apropiándose de lugares dónde vivir, descansar, esconderse; con asistencia legal para sus miembros; todo realizado bajo el amparo de un puesto público, y con el conocimiento personal íntimo de algunas personas, para extorsionarlas, manipularlas ohacerlas cómplices.
Gerardo Morales