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Columnas y artículos de opinión
Kairós
Veracruzana: la sociedad novoalegre
Francisco Montfort Guillén
2 de agosto de 2016
alcalorpolitico.com
Intervención en la instalación del Comité Ciudadano para elaborar el Plan Veracruzano de Desarrollo 2016-2018.
 
¿Cuántas veces nos hemos reunido una mayoría de ciudadanos veracruzanos para festejar una victoria política? En pocas ocasiones. La asombrosa historia nos ha reunido en esta oportunidad para transformar las formas de gobernar Veracruz. La complejidad de lo humano nos permite ahora sonreír en grupo y compartir una responsabilidad inédita. Muchos de quienes hicieron posible este festejo se han perdido en nuestra ingrata memoria. En efecto, la llamada transición democrática, tiene ahora nuevos actores. Pero en su historia quedaron los esfuerzos, e inclusive las vidas, de muchos amigos, camaradas, vecinos.
 
Por solidaridad y por justicia, debemos honrar su memoria. Debemos pues, aprovechar este momento también para dedicar, en nuestra conmemoración, un breve homenaje a víctimas de la ola de terror: periodistas, conocidos, ciudadanos comunes que han salido del anonimato debido, paradójicamente, a la desaparición forzada, al secuestro, al homicidio y al dolor de los familiares. Que nuestro breve, pero contundente silencio, modere el inteligible estruendo de las voces que claman justicia, para que esta aparezca. Aprovechemos esta oportunidad para honrar el recuerdo de los luchadores sociales por la democracia, la de los trabajadores de la información y la de los ciudadanos víctimas del crimen.
 

Solicito a todos ustedes que guardemos, respetuosamente, en su memoria, un minuto de silencio.
 
La sociedad veracruzana viene de andar por los caminos de la injusticia, auspiciada por una política de esencia patrimonialista, de privilegios entre socios de la iniquidad. Hoy los ciudadanos veracruzanos queremos formar una sociedad de libertades, fraternidades y equidades protegida por un auténtico Estado de Derecho. Sabemos que llegamos a destiempo al modelo de industrialización protegido. Y que nuestro petróleo deformó nuestra economía; debilitó, paradójicamente, nuestro progreso; destrozó nuestro medio ambiente mientras dotaba de energía barata a otras entidades. Sabemos que fuimos incapaces de reaccionar cuando ese modelo desapareció y el país abrió sus fronteras y se convirtió en agente importante del mercado mundial. Ahora mismo estamos al final de la cola de entrada al capitalismo digital, que transforma radicalmente las formas de producir, trabajar y que también afecta nuestras relaciones personales.
 
Los veracruzanos iniciamos a tiempo la entrada a la transición democrática. Pero durante los últimos tres sexenios, los gobernantes se encargaron de destruir nuestras instituciones. ¿Cómo entonces participar del desarrollo y la modernidad, sin un auténtico régimen democrático?
 

¡No! Los veracruzanos decimos: «No a la exclusión de nuestra sociedad del futuro histórico nacional». Estamos cansados de ser referentes de las transas y los fraudes gubernamentales; de las muertes de periodistas, de la violencia contra las mujeres. No aceptamos que la deplorable «guerra sucia» electoral, desatada por el partido-gobierno, continuada aún por las autoridades en funciones sea, en nuestros tiempos, la imagen nacional del comportamiento político de nuestra sociedad, la de los veracruzanos de bien.
 
Estamos aquí gracias a nuestras capacidades ciudadanas para reinventar nuestro propio futuro. «Somos jarochos y tenemos que pelear», canta el poeta Charles Driguez Valadez. Somos parte de los ciudadanos que hicieron posible un triunfo electoral y una alternancia que parecían imposibles, gracias a la asociación virtuosa entre PAN y PRD, que se veía lejana. Vimos cómo en los medios periodísticos, locales y nacionales, fue construida una imagen inhumana del candidato de la coalición. Y aun así, la sociedad veracruzana lo hizo triunfar. Quienes creemos en él sabemos que, si tuvo la fuerza personal para resistir los embates de la guerra sucia, también la tendrá para reinventar su figura pública, por el bien de nuestras instituciones gubernamentales. Esta vez no sólo de la mano de su esposa, sus hijos y nietos, sino de los ciudadanos veracruzanos. Confiamos en que, quien hizo posible la alternancia, haga también posible el inicio de la reconstrucción de Veracruz. Me refiero, por supuesto, al ciudadano Miguel Ángel Yunes Linares.
 
Los veracruzanos no queremos sólo protestar o quejarnos. «Somos jarochos y tenemos que pelear». Nuestro optimismo de hoy no surge de una ideología o de un manual de autoayuda. Proviene de la dignidad recobrada. Como al pordiosero sano y joven, en el poema de Charles Baudelaire, que los bastonazos del poeta lo hacen reaccionar, para reconocerlo como su igual, a los veracruzanos también los golpes gubernamentales nos han hecho reaccionar. Los golpes reales, no metafóricos, que con malévola generosidad las autoridades han prodigado sobre los cuerpos de pensionados y jubilados, de maestros, de jóvenes, de periodistas, de mujeres y empresarios nos han permitido quitar el bastón a la autoridad y devolverle golpe por golpe. Sí, aunque los nuestros, son golpes de votos, de dignidad, de ética, de recursos legales.
 

Los veracruzanos venimos andando de lejos. De la cultura madre, la de los olmecas, y de dos culturas ancestrales, la totonaca y la huasteca. Y pretendemos ir muy lejos: porque también descendemos de El Tajín, de: «el trueno, el mito, el sacrificio…». Como canta el poeta Efraín Huerta: queremos ir muy lejos y sobrevivir como la pirámide de Los Nichos.
 
En el país se sabe que los veracruzanos «… tenemos sangre de la que regó Cuauhtémoc/somos mexicanos...». Sí, son muchos los héroes veracruzanos que enriquecen nuestra idea de Patria y a los que debemos nuestra existencia como nación independiente. Los veracruzanos guardamos esa memoria de resistencia y dignidad con orgullo. Pero los veracruzanos de hoy sabemos que en la era de la <<economía del conocimiento>> y de la <<sociedad que aprende>>, tanto la invasión, como la resistencia, son culturales.
 
Necesitamos de la independencia política y económica que genera la invención y la producción de conocimientos. Estamos urgidos de formar ciudadanos capaces de ser humanamente solidarios con sus semejantes, y también diestros para competir, sobrevivir y triunfar apoyados en educación de calidad mundial. Con la guía del próximo gobierno, los veracruzanos queremos coadyuvar para ver reconstruido todo el magisterio de Veracruz en tanto uno de los actores básicos de la transición democrática.
 

Nuestras armas serán la imaginación y el sentido pragmático para pensar en soluciones concretas a problemas concretos; para promover el desvanecimiento de los poderes fácticos y el triunfo de los maestros por méritos académicos, no políticos; para reconstruir una imagen enaltecedora de los maestros, de preescolar a posgrados, en todas las escuelas y universidades, públicas y privadas.
 
Rescatemos a esos seres humanos indispensables en la producción de otros seres humanos aptos para vivir y dominar los desafíos del siglo XXI. Maestros cosmopolitas formados en las culturas científica, humanística y de masas para beneficio de la sociedad veracruzana. La transición democrática no debe detenerse en el aspecto electoral: debe crecer para ser, sobre todo, una metamorfosis cultural.
 
¿Cómo recobrar la confianza ciudadana en las instituciones gubernamentales? Con la pedagogía de la inclusión y la metodología participativa. Que ciudadanos expertos en resolver problemas del día a día, porque los viven y padecen, unan sus conocimientos con ciudadanos cuyo oficio es pensar los problemas y encontrar soluciones. ¿Cómo recobrar, pues, la confianza? En principio con esta convocatoria que realiza usted, Ciudadano Gobernador Electo, para pensar, colectivamente, el progreso de Veracruz. Nuestro ejercicio de planeación pensará en el progreso regional, por primera vez desde que se realizan estos ejercicios del saber. También será pionero en recoger la rebeldía intelectual de los jóvenes con foros que ellos mismos dirigirán.
 

¿Cómo, entonces, recobrar la confianza? Memorizando, me permito pensar en voz alta, y haciendo nuestra, la fantástica frase que recupera el escritor veracruzano Roberto Peredo, en su novela María Teresa de Medina, la dama insurgente. Es la contundente sentencia que la heroína escribe a su esposo, contradictorio y honesto servidor, tanto de realistas como de insurgentes, apesadumbrado por sus ideales y conflicto de lealtades, cuando sería investido ministro de guerra por Don Guadalupe Victoria. Le dice María Teresa a su marido: «Está usted impedido de hacer el mal». ¡Cómo nos ayudaría adoptar este consejo femenino y normar nuestras conductas sólo cumpliendo las leyes!
 
Nuestro gran desafío: atisbar el horizonte de los dos años de transición democrática. Diseñarlo a partir de esta inclusión de ciudadanos sin partido, más la participación de militantes y simpatizantes de la coalición política de PAN con PRD. Sus agendas legislativas y de gestión pública también estarán en el Plan Veracruzano de Desarrollo. Con trabajo razonado, las alianzas políticas y ciudadanas no están destinadas fatalmente al fracaso. ¿Por qué?, porque no están sustentadas en delirios ideológicos. Reconocemos que las ideologías no pueden ni deben desaparecer. Pero pensamos que es peor salida trabajar basados en el pragmatismo ciego del corto plazo. Con el Plan que elaboraremos será posible construir, mediante la inteligencia, la razón y la sensibilidad una nueva forma de hacer política. Nuestro anhelo será mejorar las condiciones de vida de las personas sin distinciones de raza, de cultura, de preferencias sexuales, de religión.
 
Trabajar para el mejoramiento de las personas, respetando sus derechos y vigilando sus obligaciones es misión humanística, es trabajo científico, es sustento tecnológico: es unión de saberes y sentimientos en pos del bienestar de todos y para todos. No todo podrá hacerse en dos años, pero trabajando así, prepararemos, para un futuro cercano, el renacimiento de Veracruz.
 

Concluyo mi intervención trayendo a la memoria a un mexicano ejemplar. Me refiero a José Vasconcelos. Su obra e influencia, únicas, incomparables e irrepetibles, debieran iluminar nuestro presente.
 
Rememorando la invitación que le hizo el Presidente Madero a su movimiento anti-reeleccionista en 1909, dice el autor del Ulises Criollo:[1] “El malestar social latente había cuajado, por fin, en la conciencia de un mexicano. Se llamaba Francisco I. Madero. […] Nuestra primera conversación fue breve. Buscaba hombres independientes, decididos… […]
 
Continúa Vasconcelos, refiriéndose a Don Antonio Díaz Soto y Gama, quien sería determinante para la aportación revolucionaria agraria:
 
<<… Los Magón, derrotados, habían tenido que refugiarse en Estados Unidos, y Díaz Soto, amnistiado, vivía en retiro honesto y laborioso. Lo primero que hice fue comunicarle la invitación de Madero y hacérsela extensiva. Con sorpresa vi que no sólo la rechazaba, sino que amistosamente me aconsejó que no me presentase a la junta y que cortase toda relación con los alborotadores de oposición. No valía la pena, me dijo, sacrificarse por un pueblo que nunca responde al llamado de sus mejores… “Usted puede soñar en democracia, compañero, porque ha pasado su vida en la capital, no conoce a nuestro pueblo. El campo no está preparado sino para la abyección. La única política efectiva en México es la de Pineda -el gerente del porfirismo- una política de pan y palo, o sea un despotismo [...]>> concluyó, con ánimo profundamente pesimista, el ideólogo del zapatismo.
 

Apunta Vasconcelos:
 
<<… yo no tenía motivo propio de queja contra el régimen… [No pertenecía, ni remotamente] a ninguna de las facciones gubernamentales. Pero ¿quién sabe de los motivos profundos que van determinando el destino? La convicción de que el porfirismo era una cosa podrida y abominable había ido arraigando en mi sensibilidad. La evidencia de los atropellos diarios cometidos a ciencia y paciencia del régimen, y un sentimiento de dignidad humana ofendida, convertían en pasión lo que primero había sido desagrado y sorpresa. En cierto viaje por el sur de Veracruz […] me tocó presenciar un caso irritante. Al entrar a despedirme de un jefe político, […] me lo encontré indignado y me tomó de testigo. Acababa de rescatar de las manos de un gran propietario de la comarca a un hombre desfallecido, deshecho a latigazos; […]. Lo felicité por su decisión y me puse a sus órdenes. Al llegar a México, […[ vi en la prensa que el jefe político había sido destituido por ponerse del lado de la justicia […] Una reacción de la cultura y el sentimiento de humanidad contra el matonismo militaroide y la incultura en el poder, eso fue el movimiento de protesta que culminó con la rebelión maderista>>.
 
Así, sobre los hombros de este gigante mexicano, con gran emoción y pasión, como la que poseyó Vasconcelos, decimos que queremos ser partícipes activos de los caminos de la justicia, la libertad y el progreso que se abren con la alternancia. Ello nos honra, y honra la memoria de los ciudadanos que lucharon siempre para que Veracruz tuviera esta nueva oportunidad.
 

Con la puesta en marcha del Plan Veracruzano de Desarrollo, 2016-2018, que hoy celebramos, la sociedad veracruzana responde al llamado de “uno de sus mejores”, y pone al servicio de nuestro estado lo mejor que en ella hay: una reacción de la cultura y del conocimiento, para construir nuevas libertades, equidades, fraternidades. Y si logramos nuestros anhelos, juntos diremos a nuestra sociedad, con palabras del poeta Luis Rosales «Si alguien me hiciera una pregunta/sólo podría decirle que a mí me gusta verte andar…». Porque la sociedad veracruzana andará de nuevo, orgullosa, con la cabellera al aire, movidos sus ondulados cabellos con los frescos vientos de la libertad.
 
[1] Fell, C. (2000) (coord.). “José Vasconcelos. Ulises Criollo” Edición Crítica. Colección Archivos. Universidad de Costa Rica. p 361-365