“¿Y de veras la haces, hijo?”, preguntó en 2 ocasiones Carmen Sánchez al entonces joven Emilio Gallegos Sánchez, quien respondió con toda seguridad: “Sí, mamá, dicen que soy bueno”, a lo que ella contestó: “Pues ve y cumple tu sueño”.
Allí comienza la historia del jugador, quien prácticamente surgió de la nada, de jugar en un campo llanero a formar parte de la Selección Olímpica de México.
Sus sueños de jugar de manera profesional empezaron a forjarse atrás del patio donde vivía, al que asistía todos los días con su amigo Carlos Morales, “El Ruso”, a quien siempre le pedía una oportunidad para que lo llevara a jugar con el selectivo de su natal Xochimilco. Pero como estaba más chico siempre le decía que después. “Me trajo así como medio año”, recordó.
Tras varios intentos, como 40, Morales lo llevó a entrenar con el selectivo de Xochimilco que dirigía el entrenador José Contreras en el campo San Bernardino. En una ocasión, el equipo se midió en un partido amistoso contra el conjunto del Registro Federal de Automóviles, el cual era dirigido por el director técnico Alfonso Portugal, “El Pescado”, quien en ese entonces también era asistente del director técnico de la Selección Olímpica de México, Diego Mercado. “En esa ocasión les anoté 2 goles y al terminar el partido don Alfonso me preguntó: ‘¿No te gustaría probarte en la Selección Nacional?’. ‘Claro que sí’, contesté”, rememoró.
Sin embargo, el jugador aún no entendía la magnitud de esa invitación, pues no asistió a las prácticas del seleccionado nacional que recién había terminado su participación en los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 y empezaba su proceso para asistir a Montreal 1976. “Es que tenía la bronca de que no pasé el examen para la preparatoria y como le había dicho a mi papá que si lo reprobaba él decidiera qué hacer conmigo, pues me metió a trabajar”, expuso.
A pesar de ello, su destino ya estaba escrito; en el lugar donde laboraba haciendo campanas de cocinas integrales le daban permiso los martes y jueves para entrenar, con la condición de que los otros días repusiera el tiempo. Posteriormente, el seleccionado de Xochimilco volvió a enfrentar al equipo que dirigía Portugal. “Y que les vuelvo a ‘vacunar’”, manifestó entre risas.
El Director Técnico lo volvió a invitar. “Pero antes me dio la regañiza de mi vida, pues me aseguró que la oportunidad que me estaba brindando ya la quisieran millones de mexicanos. Tuve que contarle el acuerdo al que había llegado con mi papá, pero insistió en que estar en la Selección Nacional era más importante y me citó nuevamente para el próximo lunes en el Centro de Capacitación”, detalló. “Yo, la verdad, llegué todo apachurrado a mi casa, pues no sabía qué hacer, pero mi mamá se percató y me preguntó, y pues tuve que contarle todo”, continuó.
Sánchez no sabía de futbol y mucho menos había asistido a un campo para ver jugar a su hijo; era una ama de casa que se multiplicaba para poder educarlo a él y a sus otros 9 hermanos. No obstante, le dijo que fuera a probar fortuna. “Pero, mamá, vas a tener problemas con mi papá”, le manifestó, a lo que ella respondió: “Tú ve, cumple tu sueño, yo me arreglo con él”.
“No se me olvida que mi papá se enojó tanto que me dejó de hablar como 3 años, pero ni modo, desde niño siempre quise jugar futbol profesional y también en la Selección Mexicana”, expresó.
El proceso en el combinado nacional no fue fácil, pues asegura que en ese entonces el equipo tenía a grandes elementos como Víctor Rangel, Caballero, Héctor Tapia y Manuel Manzo, así como a Hugo Sánchez –aunque este último llegó poco más tarde–, por lo que ganarse un puesto era muy difícil.
Durante el proceso, participó en los Juegos Centroamericanos de 1974 celebrados en República Dominicana, donde terminaron en la cuarta posición. “Cuando llegamos al aeropuerto vimos que venían corriendo los reporteros hacia nosotros; todos empezamos a arreglarnos la ropa y hasta nos peinamos. ¡Pero cuál! Se siguieron derecho, ni nos pelaron, se fueron sobre el equipo de softbol que ganó la medalla de oro. Fue el colofón de los fracasos y ahí nació el apodo de los ‘Ratones Verdes’”, recordó entre risas.
Un año más tarde, durante los Juegos Panamericanos realizados en México, jugaron la final contra Brasil. “Allí sucedió algo raro, porque ya estaba caliente el partido y extrañamente se fue la luz, por lo que el encuentro se suspendió y tuvieron que premiar con la medalla de oro a las 2 selecciones”, expuso.
Con el tiempo, le tocó vivir un amargo momento, pues fue operado de una rodilla y no formó parte del seleccionado que asistió a los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.
Al darse su recuperación y terminar los Juegos Olímpicos (JO), llegó al Cruz Azul, con el que debutó y jugó 5 partidos, toda vez que había auténticos astros del futbol como Horacio López Salgado, Javier Guzmán, “El Kalimán”, Cesáreo Victorino, Nacho Flores, Rodolfo Montoya, “El Chino” Estrada y Héctor Pulido. Por ello, se fue al Zacatepec, con el que le tocó descender a la Segunda División; posteriormente, pasó a las filas del Unión de Curtidores y más tarde al Atlante.
Fue en el conjunto azulgrana donde terminó su carrera profesional a los 26 años de edad, tras otra operación. No obstante, un directivo le propuso que se integrara a una de las escuelas deportivas que creó el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) por todo el país. “Me dijo que me tomara mi tiempo y que después de recuperarme decidiera a dónde me iría, por lo que me incliné por Tlaxcala, que era el lugar más cercano a donde vivía”, precisó.
Su incursión en la dirección técnica se dio tras un curso para titularse como entrenador, formando parte de equipos como el Chalco, en la Tercera División. “Mi ciclo de futbol se había terminado y tenía que pensar en la familia, aunque reconozco que nunca pensé ser entrenador. Después me fui a Zamora, Michoacán y más tarde al Zitlaltepec, con el que nos coronamos”, afirmó.
Delfines, última parada
“Posteriormente me hablaron de los Delfines de Xalapa, que habían salido subcampeones de la Tercera División, y en 5 minutos nos arreglamos. Te confieso que no me gustaba la ciudad porque estaba acostumbrado al Distrito Federal, pero ahora no lo cambio por nada”, comentó.
El Tiburón
Su llegada a los Tiburones Rojos de Veracruz se dio luego de ser campeones en el Torneo de Reservas, lo que valió que el entonces gobernador Fidel Herrera Beltrán lo enviara a Europa para que ampliara sus conocimientos, incluso le obsequió un automóvil y le ofreció la dirección técnica del conjunto escualo, en el que estuvo al frente en 5 partidos, algo que lo llenó de orgullo, aunque asegura que pudo hacer más: “Me dieron poco tiempo”, sostuvo.
Hoy, el exfutbolista, nacido el 20 de marzo de 1954, echa un vistazo al pasado; cierra los ojos y regresa a aquellos momentos cuando Morales le regalaba la indumentaria, pues no había recursos para comprarse calzado o uniformes. Recordó cuando la vida le presentó la oportunidad de jugar en la Selección Nacional, habló de su paso por el balompié profesional, sus conquistas, alegrías, fracasos y sueños, los cuales resumió al final del camino: “Nunca pensé en ser futbolista profesional y se me dio, nunca pensé en jugar en la Selección Nacional y lo logré y, como soy aventurero, nunca pensé estar tanto tiempo en un solo lugar y aquí estoy. Lo cierto es que no sé si vaya a morir aquí, pero he sido feliz en todos los lugares donde he estado. Así es que sólo puedo decir que mi vida ha sido muy chingona”.