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Lector da su opinión en relación a la prohibición de reproducción y venta de animales

17/04/2013

alcalorpolitico.com

Estimado Director de alcalorpolitico:
 
 
Me gustaría aprovechar la oportunidad que este medio ofrece a la libertad de expresión mediante sus cartas la dirección. Quiero compartir y hacer pública una perspectiva poco conocida en México. Me refiero a la perspectiva libertaria.
 
Aprovecho el tema polémico de la defensa a los animales. Eric Araujo dio continuidad a un texto previamente publicado y escrito por un servidor en alcalorpolitico. Y me gustaría compartirlo con sus lectores, aquí el texto:
 
“Hoy se busca prohibir que los particulares reproduzcan, críen e intercambien animales domésticos. En específico se pretende la prohibición de la reproducción, cría y venta de perros de raza por particulares. La polémica al respecto ha llevado a los partidarios de esta agenda ideológica a exigir que algunos diarios locales dejen de publicar en su sección de “clasificados” anuncios que hagan alusión a la venta de perros de raza.”
 
Ahora bien, ¿tenemos los libertarios autorización para opinar al respecto de estos temas? Mi respuesta es sí. Con seguridad algún animalista que lea mis líneas podrá decir “no” pues siente que somos desconocedores del tema, lo cual es parcialmente correcto. Lo que haré aquí no es hablar de razas, de crías, de inteligencia de los animales o de si estos sienten o no; en estos temas la verdad es que me declaro mayormente ignorante (aunque estudié biología 3 años), sino que hablaré de la libertad, tema en que con respeto a todos esos animalistas, los llevo de calle y de calle grande.
 
Tengo algún tiempo de conocer a varias personas que tienen un interés legítimo en los animales, los rescatan, les dan alimento, atención médica, les buscan hogar, les ofrecen el suyo. No puedo más que reconocer el esfuerzo de esta gente y por ese lado no hay más qué decir. Sin embargo están los agresivos, lo que con afán de “evitar el sufrimiento animal”, pasan de la actividad particular a tratar de que por medio del Estado se entorpezca o elimine la actividad legítima de la cría y venta de animales domésticos. Esto trae muchas consecuencias pero me concentraré sólo en un par que son las que me parecen más absurdas.
 
Cuando algunos opinadores piden más regulación, prohibiciones, obstrucciones, certificaciones, con el fin de evitar el sufrimiento de los animalitos, no se dan cuenta que de conseguir sus propósitos se vulneraría la libertad de disponer de los propios recursos para dedicarse (si se desea) a la crianza-venta de animales, lo cual sería violatorio de la libertad que también tiene que ver con hacer con los propios recursos lo que se desee siempre y cuando no se viole el principio de no agresión. Además los responsables del sufrimiento de esos pobres animales callejeros, en su caso y sin conceder, no son los vendedores o criadores sino los compradores. Es el comprador el que se hace acreedor de una sanción si su perro mordiera a un vecino, sería ridículo que castigaran al vendedor, eso lo sabemos todos y no podemos decir que el culpable es el vendedor sin declararnos locos, lo mismo en caso del sufrimiento por abandono o maltrato ¿no es así?
 
Por otro lado, los aminalistas sienten que sus pretensiones tienen un fondo moral indudable, los animalitos sufren y es tarea de ellos luchar por evitarlo y en pos de esta lucha no habría que escatimar esfuerzos en pedir prohibiciones (apoyadas por el Estado) de todo tipo, al fin de cuentas, el fin justificaría los medios, y qué fin más altruista es el querer evitar el sufrimiento de seres inocentes. ¿Conmovedor no es así?
 
Ahora bien, supongamos que aceptamos el “razonamiento” y el “fondo moral y humano” de estos individuos animalistas y los apoyamos sin  reservas, el Movimiento Libertario de México se declara a favor de que se prohíba la cría y venta de animales domésticos de raza o de cualquier tipo de animal, pa´pronto. Es aquí donde empieza todo a caer por propia ridiculez, su propio absurdo. Si nosotros estamos a favor de prohibiciones de la cría, venta o intercambio de animales domésticos (de raza o no de raza) con el afán de evitar el sufrimiento de animalitos inocentes que a veces son abandonados en las calles o maltratados por su dueños, ¿no también deberíamos preocuparnos por los niños de la calle? Entonces habría qué prohibir los hospitales de fertilidad, las profesiones dedicadas a algo relacionado con traer hijos al mundo, reformaríamos el artículo 4o de la Constitución para sólo permitir que tuviesen hijos aquellas parejas que pudieran asegurar un desarrollo feliz a sus hijos, haríamos reglamentos, toda clase de prohibiciones, licencias, trabas, trámites, etcétera, porque si es importante evitar el sufrimiento de un perro o un gato, cuánto más importante es evitar el sufrimiento de un niño. Para mí vale mucho más cualquier niño que cualquier animal, para los animalistas más extremos por lo menos valen lo mismo. Entonces es claro que mi postura es correcta y no habría qué dudar en lanzarnos a prohibir todo aquello que tuviese relación con el nacimiento de niños destinados a sufrir, pero al igual que los animalistas que quieren prohibir la producción y castigar a los vendedores y criadores, en el caso de los niños a los últimos a los que tendríamos que perseguir sería a los padres, pues estos resultarían no ser los verdaderos responsables de la felicidad de sus hijos sino aquellos que les permitieron traerlos al mundo. Aquí el absurdo, pues si dice algún animalista que no es lo mismo un niño que un perro y por eso no se debería hacer nada para evitar el nacimiento de niños con probablidad de vivir infelices, desnutridos, en la calle, explotados, etcétera, resulta que el sufrimiento del perro nos debe preocupar más que el del niño, o lo que es lo mismo, el perro vale más que el niño. Si otro animalista dice que sí se deberían tomar acciones como las que comento contra todo lo que pueda hacer que un niño sea infeliz por estar en situación de calle o explotado de alguna forma o lo que se les ocurra, entonces pues el niño vale lo mismo que un perro, concediendo así derechos a los animales y hasta personalidad jurídica. Todo lo anterior, claro, sin poner énfasis en la responsabilidad de los padres, al igual que no se atiende a la responsabilidad de los compradores de animales domésticos. De esta suerte nos arrojamos a una miasma de sinsentidos, de cosas ininteligibles, absurdas, que no se pueden entender y lo que entonces puede llegar a ser en algún momento algo digno de admiración, bueno, ético, humano y hasta espiritual (tratar de evitar el sufrimiento animal) se puede convertir en algo absurdo, descabellado, violento y odioso.
 
Agradezco al director y a la redacción de Al Calor Político la publicación de este texto con una perspectiva diferente. Y también su apertura a publicar comentarios y opiniones de sus lectores.
 
Enviado por Ricardo Alberto Cinta García.
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