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Sección: Estado de Veracruz

Libertas

Contra el autoritarismo

José Manuel Velasco Toro 08/01/2026

alcalorpolitico.com

Pocas veces, o mejor diremos, solo en algunas ocasiones brota la reflexión crítica en quienes se dedican al ejercicio de la política como medio de vida, pues casi siempre prevalece en ellos el estado subjetivo y emocional dominado por el beneficio de poder, intereses de cuerpo y fines de control en juego. Intereses y compromisos cubiertos por un discurso de autoelogio que pretende justificar las acciones emprendidas en la búsqueda del poder, sea que vengan de corrientes políticas signadas bajo la etiqueta de izquierda o de aquellas que se identifican como de derecha. Una u otra utilizan la trillada y desgastada jerga de la descalificación del otro para señalarse, acusarse y disputarse las parcelas de poder que, cual repiqueteo panfletario, recurren a patrones ideológicos prefigurados cuyo temple radica en el estado de ánimo visceral, y no en la razón crítica ni en la reflexión analítica. La actitud de unos y otros se sitúa en la irreflexión de la realidad visible y subyacente porque su atención está fija en el combate entre radicalidades ideológicas, marginando el interés público y la necesidad social de paz y libertad, de armonía y esplendor humano. Cuando predomina la actitud irreflexiva entonces toda determinación se encapsula en el yo, conducta que aleja de la disposición al pensamiento crítico y bloquea la inteligencia de la escucha permitiendo que surjan actitudes dogmáticas que castran toda capacidad reflexiva.

El dogmatismo político, cual creencia de postulados aceptados sin discusión, sea de un lado o de otro, cuando se apropia del poder destruye las instituciones fundadas en la democracia y la libertad, para implantar un sistema que se sostiene en el terror e imposición de la autoridad. Por el contrario, en un escenario político y de buen gobierno es necesario evitar actitudes y conductas dogmáticas, para ello es menester mantener una mente flexible que sepa escuchar, que sepa aprender de las circunstancias de la realidad, que mantenga un punto medio de la razón abierta a la virtud correctiva, el buen juicio y dispuesta a escuchar. Porque saber escuchar es fundamental para comprender las cambiantes situaciones y poder observar la dinámica social en su complejidad a fin de realizar acciones fundadas en la justicia y la equidad social, así como correctas en el hacer humano para garantizar la libertad y la paz.

Saber escuchar no es el mero oír al interlocutor o las voces sociales que emanan del clamor ante la injusticia, sino saber comprender lo que se dice y expresa para buscar las pautas de solución, contrastar las ideas a fin de encontrar los puntos de conciliación, analizar las relaciones establecidas para asumir buenas decisiones que superen las contradicciones y conduzcan al avance en la solución de problemas atendiendo las voces que se expresan. Pero, si se es dogmático de izquierda o de derecha, entonces la flexibilidad de la mente es anulada para dar paso a la intransigencia rígida, violenta y autoritaria que pretende acallar, imponer y dominar al otro mediante la compra de consciencia, la imposición de la ignorancia y la introyección social del miedo que ejerce recurriendo a la supuesta autoridad de voz que le otorga el poder, al ejercicio del control judicial y la represión policial.



Una mente dogmática, como muchas de las que en estos días se observan en la clase política, se caracteriza por imaginar adversarios en todas partes. Sus rasgos, señala el psicólogo Walter Riso (El poder del pensamiento flexible, Norma, 2007), reflejan las siguientes actitudes: 1) Intolerancia alimentada por la testarudez, el prejuicio, la rigidez de pensamiento y la censura del humor. 2) El egocentrismo que encapsula el propio punto de vista y se oculta de la discrepancia creando fábulas personales y audiencias imaginarias, como las que hemos padecido. 3) La arrogancia que impide escuchar y ser receptivo, pues se encierra en sí misma y adopta actitudes defensivas mediante la canalización de culpa hacia otros o al pasado, por tanto, hay ausencia de autocrítica y se tiene un bloqueo para pensar reflexivamente y examinar la realidad. 4) Prejuzgamiento arbitrario mediante el cual se condena todo aquello que no cuadra con la visión autoritaria del dogma establecido y se rechaza toda opinión divergente y se injuria a quien la expresa. 5) Hay tendencia al fundamentalismo porque establecen su verdad y la imponen como su única verdad sin discusión. 6) Otro rasgo del pensamiento dogmático es que se vuelve retrógrado cuando busca aferrase al pasado el cual reinterpreta a su conveniencia y racionalidad absoluta.

En cambio, lo contrario a todo proceder dogmático es la existencia de un ambiente político plural y democrático, donde la libertad hace posible el cultivo del pensamiento crítico y propositivo. Donde el prejuicio es superado y la vida misma es un movimiento abierto a la capacidad razonada y el espíritu positivo ve en el cambio y la renovación un factor de crecimiento y de pensamiento nuevo. Superar la tentación al autoritarismo implica estar consciente de la necesidad, señala Eric Fromm, de prestar atención y escuchar el escrutinio y la crítica de los otros para encontrar un punto medio saludable que permita actuar en congruencia y coherencia con respecto a su compromiso social y obligación de todo buen gobierno. Reflexionemos.