5 de febrero de 2026
alcalorpolitico.com
Corre ya el segundo mes del año y el segundo año del actual gobierno y no deja de intrigarme el estilo personal de actuar de la gobernadora Rocío Nahle. Me pregunto si no tiene una persona o un equipo profesional que la vaya alertando y conduciendo en su relación con los veracruzanos. Digo esto luego de leer en especial dos notas que publicó el lunes El Cañero de la Cuenca, que se presenta como “El medio de Comunicación más importante de la Cuenca del Papaloapan” que, en efecto, lo es.
Publicó el medio acerca de la presencia de la Gobernadora en las fiestas patronales de la Virgen de la Candelaria en Tlacotalpan e hizo notar un detalle: la ausencia de alcaldes y diputados morenistas de la región de la Cuenca y preguntó: ¿Falta de invitación o falta de interés?, a lo que añadió otra interrogante: “¿Es un mensaje de división interna o simplemente un descuido logístico?”. Apuntó que en años anteriores “la foto oficial solía estar saturada de guayaberas blancas y sonrisas ensayadas”.
Desde las alturas, Xalapa (el Palacio de Gobierno) o Boca del Río (El Dorado, sede de la mansión oficial), dirán que, ¡bah!, eso no tiene importancia, que lo importante es que estuvo presente la precisa. Puede ser cierto, pero no válido para el ejercicio político, y solo demostró la falta de conocimiento del pueblo veracruzano, de sus tradiciones y usos y costumbres políticas, que incluso el propio citadino no valora, entiende y dimensiona, porque no nació ni vive en comunidades que tienen sus propias prácticas que han venido celebrando desde años inmemoriales.
En la Cuenca, grave ofensa que la principal los ignore
En los pueblos de Veracruz (pueblos no en sentido peyorativo ni de menor importancia, sino para diferenciarlos de la ciudad) que una autoridad municipal o superior no invite a un acto, a una reunión, a los principales del pueblo, es una grave ofensa para el eludido, que lo puede tomar como un acto deliberado de enemistad, incluso como una declaración de guerra, de ese tamaño, que va a hacer nacer un rencor, un odio y hasta un deseo de venganza. Lo vi, lo viví de cerca en Acayucan, cuando dirigí el Diario del Sur a principios de los setenta, en donde por el solo hecho de que a alguien lo vieran tomar café con algunas personas, de inmediato lo identificaban con algún grupo político, aunque el aludido solo tuviera interés en convivir y pasar un buen rato. Ahí aprendí muy bien eso de pueblo chico infierno grande, donde las pasiones políticas se desbordan.
La alcaldesa de Lerdo dio un ejemplo de ello
Pero para no ir muy lejos, ni en el tiempo ni en la distancia, menos de un mes antes, el 13 de enero, la alcaldesa de Lerdo de Tejada, Flor María de Jesús Sosa Zamudio, le armó un escándalo al dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, porque no la invitó (deliberadamente o por descuido) a subir al estrado principal de una asamblea informativa que tenía lugar en Cosamaloapan, lo que sí hizo con otros y a ella la envió al gallinero. El motivo pudo haber sido porque ella ganó la alcaldía como candidata del PT y ya electa se brincó a las filas de Morena, o sea, por no llevar sangre guinda. De pronto se paró de su silla y estalló. Reclamó a gritos a Zepeta y le reprochó que no le reconocieran su traición. Estaba fúrica, que estallaba y fuera de sí. Al final tuvieron que subirla y lo último que se sabe es que está por pasarse ahora a las filas del PVEM.
Tenía razón la señora por el desprecio que le hicieron. ¿Cómo, con qué cara iba a regresar a Lerdo en medio de un inmenso e intenso rumor de sus paisanos, peor, de sus enemigos políticos, de que Zepeta, Morena, no la había pelado? Era como regresar desnuda, políticamente hablando, sin el aura que da la cercanía con el poder. Si no se hubiera corregido la falta en el mismo acto, sus paisanos la hubieran visto menos, sin el poder que da el poder. Pero no obstante que el hecho tenía apenas días antes y ocurrió al lado de Tlacotalpan, la gobernadora no invitó a alcaldes y diputados de la demarcación a acompañarla, o estos simple y sencillamente le hicieron el vacío.
¿Dónde están sus colaboradores que no la orientan?
Si la festividad es una tradición, también lo es que los principales de la ciudad y los alrededores acompañen a la autoridad que llega de la capital. Así había sido hasta el lunes, cuando Rocío Nahle rompió la tradición política, que ya en el futuro sabremos el costo político que tendrá para el morenato. La Gobernadora podría justificarse diciendo que no sabía que cometía una grave falta porque desconoce las costumbres y tradiciones de los pueblos de Veracruz, porque nació y creció en Zacatecas, lo cual es cierto, pero entonces para eso tiene colaboradores veracruzanos que pudieron haberla alertado e incluso tomado la batuta para dirigir la visita. ¿Dónde estaban? ¿Por qué no lo hicieron?
Agregaría una tercera posible explicación: que conociendo su carácter explosivo, alcaldes y diputados se abrieron para no correr el riesgo de que les gritara en público como lo hizo Claudia Sheinbaum con diputados locales de Baja California.
Chirinos y Dante se blindaron con Gonzalo Morgado
En los gobiernos de Patricio Chirinos y Dante Delgado, ambos tuvieron como jefe de giras a Gonzalo Morgado Huesca, un veracruzanólogo que conocía Veracruz como muy pocos, que había conocido todo el territorio estatal, a sus habitantes, a los hombres principales de los pueblos, sus usos, costumbres y tradiciones, pues apenas acababa de rayar su primera veintena de años cuando el gobernador Rafael Hernández Ochoa lo nombró dirigente estatal del PRI y tomó el nombramiento como un misionero y no dejó de visitar, por tierra, hasta el último rincón del estado. Dios, la vida quiso que, sobre todo con Dante, siempre volara con ellos y vi cuando le pasaba las tarjetas de las ciudades y poblados que íbamos a visitar, en la que lo ponía al día sobre quiénes eran las autoridades, los problemas que había, los grupos políticos, los personajes principales de la localidad incluyendo al cacique y al cura. Ni Chirinos ni Dante se perdieron nunca, ni por desconocimiento cometieron una ofensa con los pobladores.
Máynez se dejó querer por todos; ¿le hace falta Eric Cisneros?
La falla se significa más porque, en cambio, también anduvo ahí el dirigente nacional de Movimiento Ciudadano (¡horror para ella!), Jorge Álvarez Máynez, con el dirigente estatal Luis Carbonell, quienes se acercaron y saludaron a todos los que los reconocieron y con gusto posaron con ellos para las selfies, como también anduvo la dirigencia estatal del PVEM, encabezada por Édgar Herrera Lendechy, con raíces cuenqueñas, pero quienes no se atrevieron a acercársele, incluso se notó más la presencia, uno o dos días antes, de Rosita Herrera Borunda en actos en Lerdo de Tejada y Alvarado, en la que la acompañaron, a ella sí, alcaldes de la Cuenca.
La señora estuvo sólo con los suyos del palacio de gobierno y de su gabinete, blindada. Hasta dan ganas de pensar que le falta Eric Cisneros, quien la hubiera vestido con todas las autoridades de la Cuenca, incluidas las de oposición, e incluso le hubiera llevado los perfiles en persona de quienes podrían ser los próximos candidatos a diputados.
Hoy los presidentes municipales de la región deben estar viviendo el rechazo de sus representados, que ya se dieron cuenta que la Gobernadora ni los pela, o bien celebrando, mostrando músculo a la vista de todos, de que se dieron el lujo de dejar sola a la señora. Haya sido una cosa o la otra, ella es la única que se vio y quedó mal.
Y para colmo, Xóchitl Molina también la regó
Adicionalmente, El Cañero no perdió detalle del hecho de que la secretaria de Cultura, Xóchitl Molina González, dio a un solo prestador de servicios la concesión del servicio de alimentos a los grupos culturales y artísticos que se presentaron y que sirvió la comida a la que asistió la Gobernadora, e hizo a un lado a los demás de la ciudad, a los que antes se tomaba en cuenta, para repartir los beneficios. El medio se preguntó si hubo “moche” de por medio. ¿Usted qué cree?
Publicó el medio acerca de la presencia de la Gobernadora en las fiestas patronales de la Virgen de la Candelaria en Tlacotalpan e hizo notar un detalle: la ausencia de alcaldes y diputados morenistas de la región de la Cuenca y preguntó: ¿Falta de invitación o falta de interés?, a lo que añadió otra interrogante: “¿Es un mensaje de división interna o simplemente un descuido logístico?”. Apuntó que en años anteriores “la foto oficial solía estar saturada de guayaberas blancas y sonrisas ensayadas”.
Desde las alturas, Xalapa (el Palacio de Gobierno) o Boca del Río (El Dorado, sede de la mansión oficial), dirán que, ¡bah!, eso no tiene importancia, que lo importante es que estuvo presente la precisa. Puede ser cierto, pero no válido para el ejercicio político, y solo demostró la falta de conocimiento del pueblo veracruzano, de sus tradiciones y usos y costumbres políticas, que incluso el propio citadino no valora, entiende y dimensiona, porque no nació ni vive en comunidades que tienen sus propias prácticas que han venido celebrando desde años inmemoriales.
En la Cuenca, grave ofensa que la principal los ignore
En los pueblos de Veracruz (pueblos no en sentido peyorativo ni de menor importancia, sino para diferenciarlos de la ciudad) que una autoridad municipal o superior no invite a un acto, a una reunión, a los principales del pueblo, es una grave ofensa para el eludido, que lo puede tomar como un acto deliberado de enemistad, incluso como una declaración de guerra, de ese tamaño, que va a hacer nacer un rencor, un odio y hasta un deseo de venganza. Lo vi, lo viví de cerca en Acayucan, cuando dirigí el Diario del Sur a principios de los setenta, en donde por el solo hecho de que a alguien lo vieran tomar café con algunas personas, de inmediato lo identificaban con algún grupo político, aunque el aludido solo tuviera interés en convivir y pasar un buen rato. Ahí aprendí muy bien eso de pueblo chico infierno grande, donde las pasiones políticas se desbordan.
La alcaldesa de Lerdo dio un ejemplo de ello
Pero para no ir muy lejos, ni en el tiempo ni en la distancia, menos de un mes antes, el 13 de enero, la alcaldesa de Lerdo de Tejada, Flor María de Jesús Sosa Zamudio, le armó un escándalo al dirigente estatal de Morena, Esteban Ramírez Zepeta, porque no la invitó (deliberadamente o por descuido) a subir al estrado principal de una asamblea informativa que tenía lugar en Cosamaloapan, lo que sí hizo con otros y a ella la envió al gallinero. El motivo pudo haber sido porque ella ganó la alcaldía como candidata del PT y ya electa se brincó a las filas de Morena, o sea, por no llevar sangre guinda. De pronto se paró de su silla y estalló. Reclamó a gritos a Zepeta y le reprochó que no le reconocieran su traición. Estaba fúrica, que estallaba y fuera de sí. Al final tuvieron que subirla y lo último que se sabe es que está por pasarse ahora a las filas del PVEM.
Tenía razón la señora por el desprecio que le hicieron. ¿Cómo, con qué cara iba a regresar a Lerdo en medio de un inmenso e intenso rumor de sus paisanos, peor, de sus enemigos políticos, de que Zepeta, Morena, no la había pelado? Era como regresar desnuda, políticamente hablando, sin el aura que da la cercanía con el poder. Si no se hubiera corregido la falta en el mismo acto, sus paisanos la hubieran visto menos, sin el poder que da el poder. Pero no obstante que el hecho tenía apenas días antes y ocurrió al lado de Tlacotalpan, la gobernadora no invitó a alcaldes y diputados de la demarcación a acompañarla, o estos simple y sencillamente le hicieron el vacío.
¿Dónde están sus colaboradores que no la orientan?
Si la festividad es una tradición, también lo es que los principales de la ciudad y los alrededores acompañen a la autoridad que llega de la capital. Así había sido hasta el lunes, cuando Rocío Nahle rompió la tradición política, que ya en el futuro sabremos el costo político que tendrá para el morenato. La Gobernadora podría justificarse diciendo que no sabía que cometía una grave falta porque desconoce las costumbres y tradiciones de los pueblos de Veracruz, porque nació y creció en Zacatecas, lo cual es cierto, pero entonces para eso tiene colaboradores veracruzanos que pudieron haberla alertado e incluso tomado la batuta para dirigir la visita. ¿Dónde estaban? ¿Por qué no lo hicieron?
Agregaría una tercera posible explicación: que conociendo su carácter explosivo, alcaldes y diputados se abrieron para no correr el riesgo de que les gritara en público como lo hizo Claudia Sheinbaum con diputados locales de Baja California.
Chirinos y Dante se blindaron con Gonzalo Morgado
En los gobiernos de Patricio Chirinos y Dante Delgado, ambos tuvieron como jefe de giras a Gonzalo Morgado Huesca, un veracruzanólogo que conocía Veracruz como muy pocos, que había conocido todo el territorio estatal, a sus habitantes, a los hombres principales de los pueblos, sus usos, costumbres y tradiciones, pues apenas acababa de rayar su primera veintena de años cuando el gobernador Rafael Hernández Ochoa lo nombró dirigente estatal del PRI y tomó el nombramiento como un misionero y no dejó de visitar, por tierra, hasta el último rincón del estado. Dios, la vida quiso que, sobre todo con Dante, siempre volara con ellos y vi cuando le pasaba las tarjetas de las ciudades y poblados que íbamos a visitar, en la que lo ponía al día sobre quiénes eran las autoridades, los problemas que había, los grupos políticos, los personajes principales de la localidad incluyendo al cacique y al cura. Ni Chirinos ni Dante se perdieron nunca, ni por desconocimiento cometieron una ofensa con los pobladores.
Máynez se dejó querer por todos; ¿le hace falta Eric Cisneros?
La falla se significa más porque, en cambio, también anduvo ahí el dirigente nacional de Movimiento Ciudadano (¡horror para ella!), Jorge Álvarez Máynez, con el dirigente estatal Luis Carbonell, quienes se acercaron y saludaron a todos los que los reconocieron y con gusto posaron con ellos para las selfies, como también anduvo la dirigencia estatal del PVEM, encabezada por Édgar Herrera Lendechy, con raíces cuenqueñas, pero quienes no se atrevieron a acercársele, incluso se notó más la presencia, uno o dos días antes, de Rosita Herrera Borunda en actos en Lerdo de Tejada y Alvarado, en la que la acompañaron, a ella sí, alcaldes de la Cuenca.
La señora estuvo sólo con los suyos del palacio de gobierno y de su gabinete, blindada. Hasta dan ganas de pensar que le falta Eric Cisneros, quien la hubiera vestido con todas las autoridades de la Cuenca, incluidas las de oposición, e incluso le hubiera llevado los perfiles en persona de quienes podrían ser los próximos candidatos a diputados.
Hoy los presidentes municipales de la región deben estar viviendo el rechazo de sus representados, que ya se dieron cuenta que la Gobernadora ni los pela, o bien celebrando, mostrando músculo a la vista de todos, de que se dieron el lujo de dejar sola a la señora. Haya sido una cosa o la otra, ella es la única que se vio y quedó mal.
Y para colmo, Xóchitl Molina también la regó
Adicionalmente, El Cañero no perdió detalle del hecho de que la secretaria de Cultura, Xóchitl Molina González, dio a un solo prestador de servicios la concesión del servicio de alimentos a los grupos culturales y artísticos que se presentaron y que sirvió la comida a la que asistió la Gobernadora, e hizo a un lado a los demás de la ciudad, a los que antes se tomaba en cuenta, para repartir los beneficios. El medio se preguntó si hubo “moche” de por medio. ¿Usted qué cree?